Categorías
Poesía

Una mujer nocturna

Soy una mujer nocturna. iro atrás, me sacudo el culo y antes de seguir adelante, miro atrás. No puedo irme de momentos sin haber aprendido a cómo evitar la ida de boca al piso. No me avergüenzo. […]

Soy una mujer nocturna.

De luna o de noche:

Miro atrás, me sacudo el culo y antes de seguir adelante, miro atrás. No puedo irme de momentos sin haber aprendido a cómo evitar la ida de boca al piso. No me avergüenzo. Tampoco me escondo detrás de la excusa de la humanidad o la mujeridad. Simplemente reconozco para continuar.

Revivo. Es necesario revivir lo recién caminado, lo destruido, lo hecho y lo reconstruido hoy, porque el día siempre alcanza para algo más que existir.

Ansío y, en consecuencia, deseo. Lo deseo a él, al logro, a la realidad de cientos de sueños, al aguacate envuelto en periódico del horno, a algunos recuerdos y hasta el mismo amor, del que tanto me defiendo; con uñas y dientes como quien teme a la reincidencia.

Sueño, como una mujer de 8 años que hace y deshace, dice y desdice todas las posibilidades que existen dentro de una posibilidad. Dejar de hacerlo indicaría el final de mi recorrido

Converso. Busco conversar porque creo en la cara detrás de la máscara. La máscara que se desmaquilla con la noche quedándose en ropa interior o en madrugada. Donde todo se siente, todo importa y nada… nada da igual, porque la verdadera esencia humana despierta de noche.

Río. Y río porque he conversado. No es posible mantener una inolvidable, sabrosa o, al menos, buena conversación con letras que no hacen reír. Porque la vida es como un concierto de carcajadas que no siempre suena agradable, bonito, o siquiera, llega a ser un espectáculo decente.

Quizá también te interese:

¿Cuanto podemos necesitar a alguien?

Lluevo. ¡Uy, cómo lluevo! Por los ojos, por la mismísima piel, por el lugar de los pecados o el deseado confesionario. Lluevo porque así me libero, porque si el llanto aligera la carga, el buen orgasmo resetea el cuerpo. No nos caigamos a cuentos.

Y claro, no lo niego, me enamoro más de noche. Casi siempre del desastre y de lo inadecuado Porque es rico, sincero, pícaro, dulce, y compone tantos etcéteras de atrevimientos que son mejores vividos que contados.

Y tú ¿matutino, vespertino o nocturno?

Por Daniely Figuera

Bloguera de a ratos, escritora venezolana de tiempo completo.
Veintipico años de etc. Habitante de la casa que vence las sombras.
«Recordar es vivir... y por eso escribo, para recordar que aún sigo con vida».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *