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Motivación

En búsqueda de la felicidad

¿Cuánta vida se nos va mientras andamos en búsqueda de la felicidad? ¿cuánto nos desgastamos? ¿cuánto dejamos pasar? ¿cuánto cuánto cuánto? En realidad, más de lo que podríamos llegar a pensar. No sabemos qué es, cómo se siente realmente, a qué huele, a quién se parece, a qué sabe, no sabemos nada pero, aún así, seguimos buscando implacablemente como si el tiempo alcanzara para tanto. Como si la vida no nos despachara hasta que encontremos lo ansiado. Nos hemos desperdiciado tanto. La felicidad está ahí. Allí. Así.

Como los lentes que nos colocamos arriba de la cabeza, o el bolígrafo detrás de la oreja, o las llaves en las mismísimas manos, la felicidad también la cargamos encima, la tenemos al lado, la llevamos por dentro, está sobre algo. Tiene los sabores que queramos, se parece a quien amamos, huele a nuestros momentos favoritos de la vida, tiene la llenura que estamos dispuestos a alcanzar, tiene el sonido de la lluvia para los nostálgicos, del mar para los románticos, de la voz de alguien para muchos de nosotros, tiene todos los sonidos del mundo que más disfrutamos explorar.

¡Dejemos, pues, la andadera como almas en penas que se mueven solo por la búsqueda de la felicidad!

La felicidad es camaleónica. Es múltiple. Sin engaños. No es un sola. Sin tanto raciocinio, es sencilla como el «ahí te dejé café». Es, entonces, un montón de lienzos que duran la eternidad que estemos dispuestos a darle: el beso en la frente, las caricias en el cabello, acostarse en unas piernas, vientre, barriga o donde nos den espacio, la fotografía de aquel día, el maratón de películas, el ladrido peludo, el maullido demandante, la compañía del otro, las cursilerías de alguno, la cata de calorías y los etcéteras de grasa, el libro anhelado, las historias interminables de la abuela, la reunión con los verdaderos amigos, las conversaciones a media noche, las risas coleadas entre besos, el aguacate en el horno, la pasión que nos impulsa la vida, los acordes de esa melodía milenaria o de mil novecientos y pico, cualquier palabra en la boca adecuada, la promesa que se vuelve hecho sin demora, un tiempo a solas, la oportunidad esperada, la espumita de la cerveza, y cualquier otra vaina que se pueda agregar.

Dejemos las piedras tranquilas, debajo de ellas no está la felicidad que falta, que sobra, y menos, que se idealiza, porque la vida no sabe de guiones preparados ni permite justificaciones. El tiempo avanza y la búsqueda insaciables nos va borrando personas, oportunidades y momentos para decir, hacer, disfrutar, arriesgarse.

https://twitter.com/MujerChueca/status/894965462907453447

Siente, entonces, la sonrisa que te divide la cara en dos cuando desmenuzas el sabor que te vuelve el paladar un paraíso, o cuando cuando te salta el pecho con ese «llegué», o cuando nos sentimos, finalmente, dueños de nosotros mismos, o cuando la comodidad de tu propia compañía es inigualable porque has comprendido que la felicidad comienza de adentro hacia afuera y termina en lo que nosotros queramos.

 

Por Daniely Figuera

Bloguera de a ratos, escritora venezolana de tiempo completo.
Veintipico años de etc. Habitante de la casa que vence las sombras.
«Recordar es vivir... y por eso escribo, para recordar que aún sigo con vida».

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